Antes de que empieces a culpar a tu cara, a tu altura o al algoritmo maligno de Tinder, vamos a decir una verdad incómoda pero liberadora: si no tienes matches, probablemente no es porque seas feo. Es porque tu perfil no ayuda.

Después de miles (y cuando digo miles, digo fácilmente más de 10.000) swipes acumulados entre mis amigas y yo — sí, esto ya parece un estudio sociológico — puedo decirte algo con bastante seguridad: la mayoría de perfiles no fallan por una gran cagada… fallan por una suma de pequeñas decisiones malas. Y eso es justo lo que explica por qué no tienes matches en Tinder.

Fotos donde no se te ve bien, expresiones neutras que parecen sacadas de un DNI de 2007, bios que podrían pertenecer a cualquier persona del planeta… todo eso suma. Y cuando todo suma hacia lo mismo, el resultado es muy simple: indiferencia. Porque Tinder no es una app donde te conocen. Es una app donde te juzgan en menos de un segundo. Literalmente.

Si no impactas, desapareces

Hay estudios que hablan de 0,5 a 1 segundo para decidir si alguien hace swipe o no. Y en ese tiempo no hay espacio para “ya verán lo majo que soy”. Si no impactas, desapareces. Y aquí entra un detalle importante que nadie suele decir: no necesitas ser el mejor, necesitas no parecer uno más. Porque el problema no es que haya gente más atractiva que tú… es que hay perfiles mejor presentados que el tuyo. Y eso, por suerte, se puede cambiar.

Misma persona, resultado diferente

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