Hoy voy a contarte una historia real: Martes, 22:47. Estoy en el sofá. Abro Tinder. Match. Mensaje: “Hola”. Abro el chat. Lo leo. Miro el perfil otra vez. Vuelvo al chat. No respondo. ¿Por qué?

Ese «hola» lo recibimos veinte veces al día

Porque ese mismo día había recibido fácilmente entre 15 y 20 mensajes exactamente iguales. Y esto no es una exageración. Así que cuando alguien me pregunta «¿por qué no me responden en Tinder?», la respuesta no es complicada… es repetitiva. Porque no destacas.

Viñeta: una mujer en el sofá mira el móvil rodeada de mensajes que dicen «Hola»; debajo, un hombre se pregunta «¿Por qué no me contestan?».

No es que el mensaje sea horrible. Es que no genera nada. Ni curiosidad. Ni emoción. Ni motivo para responder. Y en un entorno donde hay más conversaciones que tiempo, solo sobreviven las que destacan un poco.

¿Y por qué dejan de contestarte a mitad de conversación?

Luego pasa otra cosa interesante: haces match, escribes, y de repente dejan de contestar. Y vuelves a preguntarte por qué dejan de contestarte en Tinder. Y la respuesta suele ser esta: Volvemos a mirar tu perfil… y no sostiene la conversación. Porque sí, el match no es el final. Es el filtro inicial. Si el perfil no acompaña, la conversación se cae sola.

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¿Y si además supieras qué hacer después del match?

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