Segunda cita: bien, le gustas. Ahora no estropeemos esto
Primera cita terminada. No hubo incendios. Nadie fingió una llamada urgente para escapar. Y, mejor todavía: queréis volver a veros. Fantástico. Ya tienes una segunda cita. Y entonces aparece una nueva preocupación que hace 24 horas ni siquiera existía: “¿Y ahora qué hacemos?”. Porque repetir exactamente el mismo bar, en la misma mesa y con las mismas preguntas quizá sea excesivamente fiel a la primera temporada.
Segunda cita: bien, le gustas. Ahora no estropeemos esto
La segunda cita debería ser un poco diferente
La primera cita suele tener una función bastante básica. Comprobar que existís. Que las fotos eran razonablemente actuales. Que podéis mantener una conversación. Y que pasar una hora juntos no requiere intervención médica. La segunda cita ya permite algo más. No necesitas montar un fin de semana en París. Pero sí puede ser buena idea elegir un plan donde podáis conoceros de otra manera.
¿Qué hacer en una segunda cita?
Depende de vosotros. Tomar algo en un sitio diferente. Una exposición. Un mercado. Un paseo y después cenar. Un concierto pequeño. Alguna actividad que os guste a los dos. La ventaja de hacer algo, en lugar de volver a sentaros exclusivamente uno frente al otro, es que empiezan a ocurrir cosas. Comentáis. Os reís. Improvisáis. Y dejáis de depender del interrogatorio: “¿Y tienes hermanos?”. “¿Y dónde estudiaste?”. “¿Y cuál es tu película favorita?”. LinkedIn ya tiene suficientes datos.
Aprovecha lo que descubriste en la primera cita
Esto parece obvio. Pero funciona. Durante la primera cita te dijo que le encantan los restaurantes asiáticos. Perfecto. Quizá ahí tienes una idea. Te habló de una exposición que quería ver. También. Recordar algo que la otra persona te contó demuestra una cosa bastante atractiva: estabas escuchando. Y además hace que proponer una segunda cita sea mucho más natural. “Me acordé del sitio que comentaste. ¿Vamos el sábado?”. Mucho mejor que: “Bueno, ¿qué hacemos?”.
No conviertas la segunda cita en una relación de seis meses
También existe el fenómeno contrario. Primera cita buena. Segunda cita confirmada. Y mentalmente ya hemos avanzado hasta Navidad. “Es que tenemos muchísimo en común.” Puede ser. Pero todavía os estáis conociendo. No necesitas decidir en la segunda cita si esa persona encaja en todos tus planes de futuro. Solo necesitas descubrir si quieres una tercera. Es bastante menos agotador.
Tampoco necesitas repetir el personaje de la primera cita
En una primera cita todos estamos un poquito editados. Intentamos causar buena impresión. Contamos nuestras historias buenas. Nos sentamos correctamente. Probablemente no hablamos durante veinte minutos sobre aquella discusión absurda con nuestro vecino. Normal. Pero si seguís quedando, poco a poco debería aparecer una versión más natural de vosotros. Más espontánea. Menos pendiente de decir lo correcto. Porque el objetivo no es conseguir que alguien se enamore del personaje que has preparado. Es comprobar si os gustáis cuando dejáis de estar haciendo una presentación comercial.
¿Cuándo proponer una segunda cita?
Si la primera ha ido bien y quieres volver a ver a esa persona, no necesitas esperar una semana para parecer misterioso. Puedes decirlo. “Me gustó mucho verte. ¿Repetimos?”. Y después hacer una propuesta concreta. Sin estrategias matemáticas. Sin esperar exactamente 48 horas. Sin consultar tres grupos de WhatsApp.
En Tipstomatch trabajamos todo este proceso porque las apps de citas no terminan cuando consigues un match ni cuando consigues la primera cita. Lo interesante empieza cuando dos personas realmente quieren seguir conociéndose. Así que si ambos queréis una segunda cita, estupendo. Haz un plan. Disfrútalo. Y deja la pregunta sobre si será el amor de tu vida para bastante más adelante. De momento, intentemos llegar a la tercera cita sin organizar la boda.
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