Tengo matches en Tinder, pero las conversaciones no funcionan: ¿qué estoy haciendo mal?
Conseguir el match parecía la parte difícil. Ella te gusta. Tú le gustas. Tinder hace sus fuegos artificiales y durante unos segundos parece que todo marcha estupendamente. Empiezas a hablar: "Hola, ¿qué tal?". "Bien, ¿y tú?. "Bien también. ¿Qué haces?". Y aproximadamente cuatro mensajes después, la conversación tiene menos vida que una planta de plástico. ¿Qué ha pasado?. Si tienes matches en Tinder pero las conversaciones se enfrían enseguida, normalmente el problema está en cómo empieza, cómo se mantiene o cómo avanza la conversación. Porque una cosa es conseguir matches en Tinder y otra bastante diferente es conseguir que esos matches terminen convirtiéndose en conversaciones que apetezca continuar. Y no, no siempre significa que ella haya perdido el interés. A veces simplemente no le hemos dado demasiados motivos para mantenerlo.
Tengo matches en Tinder, pero las conversaciones no funcionan: ¿qué estoy haciendo mal?
Tu perfil tiene que responder a una pregunta muy sencilla
Nos obsesionamos bastante con encontrar la frase perfecta para empezar una conversación en Tinder. Que sea original. Que sea divertida. Que no sea demasiado directa. Que tampoco sea aburrida. Como si existiera una combinación secreta de palabras capaz de garantizar una cita el sábado. No existe. El primer mensaje importa, claro. Pero después viene algo bastante más complicado: tener una conversación. Puedes empezar estupendamente y cargártela tres mensajes después. También puedes empezar con algo bastante normal y terminar hablando durante una hora. El objetivo no es impresionar en la primera frase. Es conseguir que hablar contigo resulte fácil y agradable.
Tinder no es una entrevista de trabajo
Hay conversaciones que empiezan así: "¿Dónde vives?". "¿A qué te dedicas?". "¿Tienes hijos?". "¿Qué buscas aquí?". "¿Cuánto llevas soltera?". Un momento. ¿La estamos conociendo o vamos a concederle una hipoteca?. Preguntar es necesario. El problema aparece cuando una conversación consiste exclusivamente en una sucesión de preguntas. Ella responde. Tú preguntas otra cosa. Ella responde. Tú vuelves a preguntar. Eso no es conversar. Es rellenar un formulario con fotografía. Si preguntas algo, utiliza también la respuesta para contar algo de ti, bromear, desarrollar el tema o llevarlo hacia otro sitio. Una conversación necesita intercambio, no interrogatorio..
El "¿Y tú?" no puede hacer todo el trabajo
Ella te cuenta que le encanta viajar. Tú: "A mí también. ¿Y dónde has estado?". Te cuenta que practica pádel. "Qué bien. ¿Y cuánto tiempo llevas jugando?". Te dice que tiene un perro. "Qué guay. ¿Y cómo se llama?". No estás haciendo nada especialmente mal. Ese es precisamente el problema. No está pasando absolutamente nada. Hay que aportar algo. Si te habla de viajes, cuenta alguna anécdota. Si menciona un concierto, pregúntale algo que realmente te interese. Si en su perfil aparece una fotografía curiosa, úsala. No necesitas convertirte en monologuista. Necesitas dejar de contestar como si estuvieras intentando superar correctamente una prueba.
Tampoco conviertas cada conversación en una actuación
En el extremo contrario está el hombre que ha leído que hay que ser divertido y decide convertirse durante 24 horas en guionista de comedia. Cada mensaje necesita un chiste. Cada respuesta, una ocurrencia. Cada silencio provoca una reunión urgente del departamento creativo. Agotador. El humor funciona cuando forma parte de tu manera natural de hablar. Pero si estás intentando demostrar constantemente que eres interesante, probablemente acabes consiguiendo justo lo contrario. No tienes que entretenerla. Estás intentando conocerla. Y ella también debería estar intentando conocerte a ti.
Si solo tiras tú de la conversación, también es información
Esto conviene decirlo. No todas las conversaciones que se apagan son culpa de tu forma de hablar. Si preguntas, desarrollas, muestras interés y la otra persona responde sistemáticamente: “Sí”. “Jajaja”. “Puede ser”. “Ya ves”. Quizá no necesitas encontrar una pregunta mejor. Quizá simplemente no hay demasiado interés al otro lado. Y no pasa nada. Un match significa que dos personas se han gustado lo suficiente como para deslizar hacia la derecha. No significa que necesariamente vayan a tener química hablando.
Una buena conversación tiene que avanzar
El error final es quedarse eternamente en Tinder. Lunes. Martes. Miércoles. "Buenos días". "¿Qué tal el trabajo?". "¿Qué vas a cenar?". "Buenas noches". Para el domingo ya conocéis vuestros horarios pero seguís sin saber si os apetece tomar un café juntos. Si la conversación fluye, hay interés y os estáis entendiendo, en algún momento tiene que avanzar. No existe un número mágico de mensajes. Pero Tinder tampoco debería convertirse en vuestro amigo por correspondencia. Porque el objetivo no era conseguir un match. Ni siquiera era conseguir una conversación. Era descubrir si detrás de ese perfil hay alguien a quien realmente te apetece conocer. Y para eso, tarde o temprano, hay que salir del chat.
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